miércoles, 30 de julio de 2008

A La Liverdad

…Mas llegado el momento no pudo entregarse. Se sintió extraña. Contradictoria. Una perspectiva de su cuerpo. Una revolución de luces transparentes mezclandose en los fondos. Sintió su pelo, quiso respirar sobre su cuello, rogarle la penetrara. Tenia saturados los sentidos, una especie de festejo masivo fue declarado en su piel. Ella quería sentir, el remordimiento impreciso, la desaparición de la duda, el movimiento ajustado de sus cuerpos. No quería respirar ningún otro aire, que aquel que él respiraba. Dejó que sus manos se escondieran por sus pechos. La narrativa inexacta del lenguaje de sus dedos, la impresión repetida de los cuerpos, ese anhelo de contacto. Y ese gancho por la espalda, que alejaba su cuerpo, del encuentro planeado, de los mas húmedos de los besos…